Quien encuentra el camino hasta mí no busca simplemente un instrumento, sino una personalidad sonora que lo acompañe toda la vida. Por eso invito a los músicos a un encuentro personal en la sala de conciertos de mi casa‑taller.
Cada instrumento es una creación sonora individual que exige toda mi dedicación. Desde la búsqueda de la madera en las altas montañas hasta el último pulido del barniz, surgen en cientos de horas obras verdaderamente únicas. Esta entrega limita naturalmente la cantidad de instrumentos que mi equipo y yo podemos completar cada año en la quietud del taller.
Por ello, el contacto personal y respetuoso con mis clientes es especialmente importante para mí. Un nuevo instrumento es siempre un diálogo: con su visión musical, su manera de tocar, su ideal de sonido.
Debe contarse con un cierto tiempo de espera; puede abarcar meses o años. Sin embargo, es un tiempo individual: la urgencia, la situación artística y la armonía sonora entre intérprete y obra desempeñan un papel. Quien busca un instrumento de mis manos sabe que una obra de esta naturaleza sigue su propio ritmo.
La mayoría de los instrumentos en mi taller ya están reservados. No obstante, hay violines, violas y violonchelos excepcionales con los que podrá experimentar directamente la grandeza sonora, la firma artística y la maestría artesanal de mi trabajo.
Quien se adentra en este camino descubre la puerta hacia un instrumento que no solo ha sido construido, sino creado para él.